Florencia puede ser un feudo comunista, pero sus ciudadanos nunca han desdeñado el placer, algo bastante común en la izquierda europea del norte. Una visita a los bares del bohemio barrio de Oltrarno evidencia un estilo personal que, aunque modesto, parece ser un derecho universal florentino.
Asmismo, los residentes de todas las convicciones políticas coinciden al considerar una gran comida como un rasgo propio de la buena vida. Es el núcleo de casi todas las relaciones sociales, e incluso cuando no se come se charla de comida. Sobre qué forno (panadería) tiene el mejor pan, el verdulero que vende cebollas pasadaso los restaurantes que no han sido arruinados por los turistas. Una comida en casa sigue siendo el preámbulo de una noche fuera, incluso para los jóvenes. No porque los precios de los restaurantes estén por encima de los sueldos, sino porque piensan que normalmente se come mejor. Y es más agradable.
Puesto que el centro es tan pequeño, los florentinos se tropiezan constantemente con sus amigos. Una noche fuera de casa puede transcurrir en la piazza vecina donde no hay que pagar para entrar. Y los planes nocturnos suelen contener menos alcohol y más conversación. La polémica, ya sea sobre Trotsky o las trufas, es un deporte local.
Escaparse de Florencia es el colofón de la buena vida florentina. El calor estival es opresivo y la ciudad se dirige en masa a la costa mediterránea. Si un florentino no tiene casa en la campiña toscana, seguramente la tendrá un amigo. De hecho, las frecuentes relaciones en ciudad y campo han estado presentes por los menos desde el Renacimiento.
¿Es dura la vida para un florentino? Ellos así lo afirman. Y tienen sus razones. Los alquileres se han disparado en los últimos años, pero no los sueldos. Los proyectos públicos, como las nuevas líneas de tranvía, siempre se retrasan interminablemente en medio de controversias. Hay quejas sobre corrupción a los más altos niveles, aunque un florentino rápidamente se distingue como más civilizado que alguien de Nápoles o Palermo.
Ocho millones de turistas crean puestos de trabajo y dinero, pero todo el mundo dice que gastan demasiado poco, que la mayoría vienen a pasar una tarde. Y, por supuesto, atascan las calles o ponen a prueba las infraestructuras.
A la vez, los florentinos no querrían mudarse. Como la mayoría de italianos, se identifican más con su ciudad y su región que con su nación.
Una sintesi di questo blog redatta dall’agente Claude
Hace 1 semana
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